martes, noviembre 03, 2009

Conforta ver la horma radiante de la cumbre




Los hilos mueven noches que iluminan sus lunas;
es tiempo derivado del trapecio, sus arcos
son férreos sosteniendo cuadrículas argentes,
la reluciente luz que suspiran los vientos
en virtud de un exceso que se deja transitar
conforme avanza la montaña, como una arcada
repleta de estaciones que en su mano respira
una eufórica lengua que mira al mar de cara.

Imagínate un pez sin la amnesia del mundo,
al que ya no le caben más lapsos ni distancia
ni cuerda con la que amarrar la historia.
Los recuerdos debieran espaciarse en su luz,
deberíamos poseer razón y ojos
para ver la ciudad sin la tacha del tiempo,
expiar sus plantas, su cerebro,
hacer del mundo un mapa más pequeño.

No se consigue despertar la sangre
adormecidos sobre agendas de piedra;
es imposible no escuchar la melodía del agua,
las campanas que marcan el ritmo de los círculos.

De no hallar los espejos que devuelvan el ánimo
las horas quemarán la fiebre detenida
y no cabrían los océanos
en los desnudos brazos de la distancia.

Hermanadas la flor y la conciliación,
en su hálito se encenderán los abecedarios.
La fuerza colectiva del hombre
dará sombra a la grieta verde que suspira el desierto.


Conforta ver la horma radiante de la cumbre
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Sendas de Luna Llena
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imagen cedida por
http://www.enlabuhardilla.com/

domingo, octubre 18, 2009

Impacientes tambores se rebelan




Sin torcer los renglones de la noche
echada como un cuenco en sus orillas
una guitarra pródiga en semillas
quiere en la madrugada ser el broche;

como una perla rala, sin reproche,
los cabellos del alba en sus mejillas
ajustan los sonidos, las costillas,
ávidos de emociones y derroche.

Impacientes tambores se rebelan,
permanece en sus tonos el bajista,
acentos y darbukas se modelan;

es la voz sueño y letra bien tallada
con ritmos y colores alquimistas
de este sueño en color que dio Granada.



Concierto en Granada el viernes 09-10-09
Imagen cedida por http://www.enlabuhardilla.com/ 
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miércoles, septiembre 30, 2009

Su ausencia me hace otoños





una vez más tu ausencia me crece hasta ahogarme

J. Carrol



La vida es un río que se estrecha,
una trompeta cantando en algún rincón de la sangre,
un infinito blanco, una flor sin final
que baila por las calles y tiembla para no morir;

hay luz, agua profunda,
metales escanciados, hirvientes, asombrados;
cuerpo virgen,
repleto de atributos, de perfumes y hogueras;

no hay magia si sus ojos no miran mis manos mientras tiemblan,
no hay magia si sus ojos, simplemente, no me miran.


Nunca mis labios fueron beso para la ausencia;
su ausencia me hace otoños
y al fuego entrega mis palabras.




Estación Sagrada
©Alonso de Molina
Adicto a Lirycstorm

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Imagen propiedad del autor
(Enero 2009. Playa de Torregarcía. Almería)
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sábado, septiembre 19, 2009

Disiénteme de ti. Se feliz.






Si me amas será tiempo baldío.
No me querrás por mi sonrisa esquiva
ni por la forma glamurosa de mi talle,
por mi hablar impaciente o mis juicios porfiados.


Suspirarás por mí porque mis ojos aman
la entregada mejilla de tus días
y ensalzan tus raíces con la pureza del incienso
en la entregada búsqueda de un instante de amor.


Cédeme tus prudencias, tus mesuras y horas,
lo profundo y lo llano, la luz y tus acentos;
cédeme tus desiertos, tus veranos, tu savia
tus sonidos y espacios, tu voz y tus estruendos;
cédeme la confianza, la fe y la creencia,
tus certezas, tu sol, tu sed y tus insomnios;
cédeme tu pasión, tus lágrimas, tu vida,
tu dios, tu aliento, tu respiración.


Sobre los campos, solo esperas, solo inviernos.

Disiénteme de ti.
Se feliz.



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Estación Sagrada

©Alonso de Molina
Adicto a Lirycstorm

lunes, septiembre 14, 2009

Del brillante blancor alpino a la subdesértica arcilla de Almería.



Ayer, nuevamente, los caminos ofrecieron sus cauces a nuestros pasos. Los ocres traspasaban los ojos con la agudeza de unas obstinadas sendas que nos mostraban la cara y cruz de las verdades: Del brillante blancor alpino a la subdesértica arcilla de Almería.



Nuestra patria en su albor acogió con esmero las desganas y afanes. La renuncia y la entrega. Y en su luz inundó las horas de franqueza y bondad.


Nada podría detener la acogida. Las fuerzas pertenecen a la tierra que sostiene nuestra certeza. Nada es apariencia. Los cuerpos sienten cómo la energía se funde y complementa formando parte el uno del otro. Compartiendo dinámicas exactas, paralelas emociones, inquietudes que danzan en pos de nuevos empeños.


Confieso que no consiguió la lluvia aplacar la fiesta, su caricia impregnó el suelo y levantó algunos sueños.





Imágen cortesía de
 http://www.enlabuhardilla.com/ 

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sábado, septiembre 05, 2009

Un beso sin distancias al espacio infinito





En su luz,
rompiendo la mordiente del severo camino dispusimos la entrega y el ánimo en pos de intención y promesa.

Sin pronunciar oración elevé mis pasos en las sendas y montes ungidos por miles de huellas nacidas del fuego, invitándome a comprender las alturas y los signos.

Los favores de la tierra en su dispendio tallaban la flora y los relieves, como acudiendo a una danza donde la desnudez del aire se elevaba en arquitectura y glaciares; un beso sin distancias al espacio infinito, al techo de la vieja Europa: Mont-Blanc, sueño y verdad.







Sendas de Luna Llena
Adicto a Liryc Storm
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©Alonso de Molina
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"siete mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día"
J. Sabines

lunes, junio 22, 2009

Cala San Pedro, sueño y quimera





Para romper la luz,
el viaje se origina con un paso primero;

regresarse al desierto, al tiempo originario,
huir de los espejismos que detienen los días
sin malvender el alma por gérmenes inmóviles,
recogiendo la flor perdida en los espejos.

Es el momento del retorno a la higuera,
al parral y al olivo, a la flor del naranjo,
al granado y al níspero.

Casas antiguas, tierra complaciente
y la perenne arena creyendo en tus pisadas.



(Podría rescatar leyendas, chantajearme, descontar los minutos en que se abaten las promesas hacia el exilio con las manos hundidas en un diamante hambriento de emociones. Y podría doblar la lluvia con mi sangre, en aquel manantial donde la piedra y tu piel soportaron silencio y abandono).



El cielo se ilumina plantando a los relojes,
mientras una mujer celebra la burla de las horas.
En su albergue sagrado,
escucha el grito de la fuente y se alinea con el agua,
debe encontrar consuelo doblándose en la luz.

Nunca tanto, la sal ni la semilla
llevaron hacia el mar la llama en su pureza.



(A menudo tu casa son esos cabellos grises que van poblando tus sienes. No podrías beber la noche ni confiarte al destino; la mordedura de una perfidia, como la parca, se llevó los días y el calor de la grava; no hay quietud sobre el manto mineral, tampoco las estatuas de piedra que adornan las murallas van a cobrar la vida por ti).



Una hemorragia inexpresiva, mirando al cielo,
permanece anclada en espejismos
viendo pasar la vida delante de sus ojos;

es un tiempo sonoro,
un pedernal tallado en fantasías
que párvulas empujan sus pompas al vacío;

sin arcilla que purgue tu cuerpo
una ola elevará sus manos y ocultará la sal.



(Yo podría hacerla sentir la noche, que perdiera el juicio y el dolor; que imaginara el miedo y la mentira del infierno. Sentí mucha hambre mientras devoraba al mundo buscando un nombre para mi fe: -decir te amo sin lastimar la luz; no todos quieren amor, no piden celebradas ofrendas ni prometidas primaveras. Sólo el fuego promete ignición debajo de una melodía sin promesa de oxigeno, solo el futuro aguarda para quemar los juramento).



Entre tus pasos y una estrella
el valle albergará tu sino junto al polvo;
un cielo tan delgado
como el ladrido de un perro,
vuelca sus gritos a la tierra profunda.


Cala San Pedro, sueño y quimera



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RESPECTO A LA CALA

Puedo decir que se me cayó un mito. Cala San Pedro era el último reducto para la utopía hippie, la evasión burguesa por antonomasia. El pasado domingo (14 de junio 2009) tras dejar el coche en una calle del casco urbano de Las Negras, fuimos subiendo la rambla del mismo nombre para emprender el ancho y pedregoso sendero que lleva hasta Cala San Pedro, solo en su tramo final se estrecha y hay que tener algo de precaución. Lo primero que me sorprendió al llegar, tras unos 90 minutos de caminata bajo un sol implacable (no quiero ni pensar hacer este recorrido en agosto), fueron unas chicas japonesas (los japos están por todas partes), que a esas horas –sobre las 12:00- parecían regresar de la playa y estaban paradas en el breve oasis, justo cuando dentro de la fuente de piedra una chica totalmente desnuda, con un cazo se echaba agua sobre la cabeza; supuestamente ajenos a la aseada joven, otro grupo de jóvenes sentados frente a la fuente, emulaban a Raimundo Amador cantando Bolleré al ritmo marcado por guitarra y darbuka. Conforme desciendes hacia la playa, podemos observar que entre el espeso ramaje, entre los árboles, se han emplazado cabañas, casetas donde algunas personas habitan durante todo o parte del año.

Podríamos admitir un modo de vida filosófico, alternativo, natural, con los recursos justos que te otorga la autosuficiencia, pero sinceramente hay que tener estómago y dejarse los remilgos para permanecer en ese entorno donde abundan esos precarios, frágiles y sucios chamizos entre basura, cagadas y pulgas. Podría ser el hallado paraíso, posiblemente hace veinte o treinta años lo pudiera haber sido, pero hoy solo podemos afirmar que el lugar está saturado de humanos, demasiado humanos, con sus miserias y basuras como bandera. Lo siento, pero es la impresión que me ha quedado tras permanecer allí unas cuatro horas.

Por el contrario el lugar por sí solo una generosa maravilla de la naturaleza.

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©Alonso de Molina
Historias de cualquier otoño
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Adicto a Lyric Storm