sábado, febrero 18, 2012

Promesa de no volver a vernos


De cuerpo exacto y pantorrillas generosas, cuando la vi mis ojos permanecieron en sus nalgas respingonas y solidas, turgentes, tal como las había imaginado; no esperaba tan pronto tener una erección, sin decir nada,  ella atrapó mis genitales y pronunció su boca un sinfín de retóricas, y la mía recorrió todas las onomatopeyas de eco en eco, desahogando espontaneidades, esparciéndome en purezas.


Enlazados, gozándonos los huesos, los laberintos y formas no hubo pausa sobre nosotros mismos, no pudo haber silencio ni palabras oscuras, de esquina en esquina nos contamos la vida, supe que nunca había llorado,  que las flores prendían de sus manos como una danza feroz y el deseo se abría ante su lengua sin vértigo ni reservas. Su vida transcurría feliz, tenía un buen trabajo y  un novio con el que se casaría unas semanas después.


A ella, como a mí, le gustaba el sexo y la poesía y se crujía de placer pretendiendo aventuras o masturbándose en el trabajo mientras hablaba por teléfono con algún amante ocasional.


El hambre y la pasión urgieron nuestro encuentro. De infinita ternura, horizontales en mi piel, sus manos, sin círculos prohibidos entre el deseo y la humedad del día. Abierta entre las sábanas era blanca su risa, blanco su pecho iluminado.




Rota la claridad nos sorprendió el jardín arrebatados, locos, buscándonos los pulsos un banco Junto al Turia cobijó nuestras bocas lamiéndonos procaces, no hubo yerba en Valencia  que no auxiliara a nuestros cuerpos, rodándonos de beso en beso.


En aquel lugar nos recorrimos enteros desde las nalgas al corazón y nos hicimos la promesa de no volver a vernos,  de no dejar de amarnos nunca.

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Cantos Piadosos. Fragmento.
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Imagen fotográfica
by Edward Weston –Nude Océano 1936-
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viernes, febrero 17, 2012

La carne oscura de mi pecho




Todos creen que soy yo
pero es mi mente
la que empuja el deseo

y prendida al deseo
vuela la luna
hasta la carne oscura de mi pecho.

¿Quien sostuvo un hogar sin amor ni alimento?

No sé si podré dar algo a cambio de nada
pero yo necesito que me amen para poder amar

descubro desde el corazón la carga de pureza
y un mar sombrío
crispándose en mis sienes.

Podré dejar mi corazón
enredado a tus dientes o ceñido a tu pubis
hasta quebrarme entero
doblado en los dragones
de aquel último beso prendido de ceniza
que erosionó mis labios

fue por mi falta de bondad
que ella se marchó con sus piernas,
su hambre inocente y su juventud  voraz .

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El zen de las macetas, fragmento.
Imagen cedida por su autor


domingo, enero 08, 2012

Cierro otra vez mis ojos desnudos a la fe


Oración a la Virgen del Mar, Patrona de Almería
(Poema para el día antes de mi cumpleaños)


No es que mis ojos huyan tu mirada
y me persigan vanas tus sendas sin mis huellas.

Se insinúa mi credo como una convicción
que huye hacia la piedra
como un desesperado  salmo anclado en el misterio.

Nunca razón y fe
convocaron la calma del límpido fervor,
las palabras no son oraciones de sal
en la verdad de los instantes
ni pueden las metáforas trepar las alambradas
para culpar a los océanos
del azafrán impúdico del aire
en la incendiada ofrenda del mar y sus arrojos.

Incierto es que la paz
sea el estado natural del hombre,
sobre el dolor dormido
no hay sístoles ni bálsamos
si el corazón reniega de su origen,
de su esencia y sus votos.
Como la estrella, el ser humano,
muere rompiendo el estallido de la sangre,
la carne y el espíritu olvidan sus premisas
como heridos planetas en la raíz del sol.

Siendo silencio anónimo
fuimos cavando formas, géneros impasibles
como la masculina ribera de tus playas
o los tercos rompientes de tus costas.

Hoy
un día antes de mi cumpleaños,
debo salir volando, a contemplar inmune
una acuarela ilesa de alborotos;
hay sermones y cánticos
ofrendas y renuncias,
votos y mercachifles.
Con multitudinario fervor
una Esmeralda consagrada en la mar
extiende su perfil glorioso sobre la arena.

(Y yo tan aturdido sigo que podría creer también en una virgen fea, fea y coja, tartamuda y ciega; una virgen cercana con colonia barata de los bazares chinos; una virgen tan pobre y sin papeles que buscaría esposo para unir su pobreza al aprecio de un hombre que la hiciera feliz, llanamente feliz con su hipoteca y sus quehaceres, sus macetas y sus retoños, sus risas y sus lágrimas y sus ratos humanos horizontal a un hombre).


Frente a la sal  y al viento,
el agua estaba fría como cada enero
y yo cierro otra vez mis ojos desnudos a la fe.



Historias de cualquier otoño

La Virgen del MarCorría la noche del 21 al 22 de diciembre de 1502 cuando ocurre la Aparición de la Virgen del Mar. Cubría guardia el torrero morisco Andrés de Jaén, y dice la crónica que “vio algo que rebrillaba en la mar, por lo que tuvo gran temor. Bajó de la torre y acercándose a la orilla, y estando así espantado, no sabía que pensar, cómo o en qué manera aquella imagen hubiese allí aportado, y dijo más, que por otra parte se halló tan consolado y con tanta devoción, aunque indigno y pecador por haber tal tesoro hallado.      FUENTE: http://www.hermandadvirgendelmar.es/



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