domingo, enero 08, 2012

Cierro otra vez mis ojos desnudos a la fe


Oración a la Virgen del Mar, Patrona de Almería
(Poema para el día antes de mi cumpleaños)


No es que mis ojos huyan tu mirada
y me persigan vanas tus sendas sin mis huellas.

Se insinúa mi credo como una convicción
que huye hacia la piedra
como un desesperado  salmo anclado en el misterio.

Nunca razón y fe
convocaron la calma del límpido fervor,
las palabras no son oraciones de sal
en la verdad de los instantes
ni pueden las metáforas trepar las alambradas
para culpar a los océanos
del azafrán impúdico del aire
en la incendiada ofrenda del mar y sus arrojos.

Incierto es que la paz
sea el estado natural del hombre,
sobre el dolor dormido
no hay sístoles ni bálsamos
si el corazón reniega de su origen,
de su esencia y sus votos.
Como la estrella, el ser humano,
muere rompiendo el estallido de la sangre,
la carne y el espíritu olvidan sus premisas
como heridos planetas en la raíz del sol.

Siendo silencio anónimo
fuimos cavando formas, géneros impasibles
como la masculina ribera de tus playas
o los tercos rompientes de tus costas.

Hoy
un día antes de mi cumpleaños,
debo salir volando, a contemplar inmune
una acuarela ilesa de alborotos;
hay sermones y cánticos
ofrendas y renuncias,
votos y mercachifles.
Con multitudinario fervor
una Esmeralda consagrada en la mar
extiende su perfil glorioso sobre la arena.

(Y yo tan aturdido sigo que podría creer también en una virgen fea, fea y coja, tartamuda y ciega; una virgen cercana con colonia barata de los bazares chinos; una virgen tan pobre y sin papeles que buscaría esposo para unir su pobreza al aprecio de un hombre que la hiciera feliz, llanamente feliz con su hipoteca y sus quehaceres, sus macetas y sus retoños, sus risas y sus lágrimas y sus ratos humanos horizontal a un hombre).


Frente a la sal  y al viento,
el agua estaba fría como cada enero
y yo cierro otra vez mis ojos desnudos a la fe.



Historias de cualquier otoño

La Virgen del MarCorría la noche del 21 al 22 de diciembre de 1502 cuando ocurre la Aparición de la Virgen del Mar. Cubría guardia el torrero morisco Andrés de Jaén, y dice la crónica que “vio algo que rebrillaba en la mar, por lo que tuvo gran temor. Bajó de la torre y acercándose a la orilla, y estando así espantado, no sabía que pensar, cómo o en qué manera aquella imagen hubiese allí aportado, y dijo más, que por otra parte se halló tan consolado y con tanta devoción, aunque indigno y pecador por haber tal tesoro hallado.      FUENTE: http://www.hermandadvirgendelmar.es/



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sábado, diciembre 03, 2011

Somos cientos los que andamos al sol en busca de una habitación para todos




A pesar del cansancio, en la primera noche,
no me llegaba el sueño, y fue Góriz la inclusa,
la nube negra y honda
que atándome a las dudas
me ahogó en mi propio aliento.
Necesitaba oxigeno. Necesitaba luz.
Abandoné el camastro, bajé las escaleras
en busca de un espacio donde encontrar mi norte.

Amordazado al tiempo y a los relojes,
como emergiendo
de un cascarón de agua oscura,
la noche descendió conmigo.
Mis sentidos crecieron nutriéndose de estrellas
y yo busqué su pecho como una hoja verde
busca la protección del tallo.

Mamándome los astros
expurgué los pecados
enraizando mis pies en la faz de la luna.

(Casi desnudo, casi sin huesos ni dientes, pero con todo el vientre del universo bailándome en los ojos seguí un camino que no existe, una improbable senda de ilusorio plumaje por la que anduve esperanzado y ansioso hasta el ambiguo abismo en que la providencia dejó caer ante mí la abierta cara de una piedra, de un árbol, de una flor, y desde el otro lado de mi cuerpo yo seguí oteándolo todo como quien cruza una calle extraña y desconocida).


-2-

Ciñendo al vértigo las huellas
mi sombra y yo nos dirigimos
hacia el lienzo borroso del ventisco,
con la cabeza dura tallando la pedrera
rectos nos despeñamos
al influjo magnético de la cumbre.

Yo la besé sin ser la nube libre,
del asombro al calor me erguí tan satisfecho
 que los cabellos plateados
de la flor y la nieve
se acercaron a mí para acentuar mi aliento.

(No he venido conciliador a verte, tus atributos crecen conforme mi dolor avanza, solo  soy cuerpo y causa, un ser en permanente retroceso, en endémico ajuste. Pero nos quedan tantas barreras por vencer que incluso  nuestra materia se angustia al pervertirnos en el propio ego de la felicidad. Solo que la felicidad debe ir paralela a nosotros como la propia sombra que no se aparta ni de los miedos ni de la prudencia ni de los arrestos)

 

-3-

Al amanecer
el cielo y sus colores nos colgaron del pecho
amuletos y emblemas,
avanzamos por una marea de piedra
que como un latido del corazón
asciende en vertical
sobre el sellado muro del horizonte.
Pero en verdad,
más allá de nosotros mismos,
el camino trasciende a nuestro mundo único
y nos transforma en parias relegados a nuestra propia fuerza.

Es tiempo de hojas blancas, de pájaros y manos desnudas,
de abandonarse al mundo y contemplar la lluvia.
Asumo que no tengo hogar,
que un universo extraño yace sobre mis hombros
mientras pasa la gente con los ojos callados
inmersos en su propia verdad.

(No nos pesan las máscaras de campanas esquivas que te abrazan y huyen hartas de soportarse a sí mismas en las opuestas fuerzas que nacen del afecto. Quizá hubiera sido buena idea extraviarnos, haber dormido al raso muchas más veces y haber ayunado algunas menos. Un sueño puede ser una herida o un barco de promesas. El camino se busca dando vueltas sobre uno mismo, sobre los propios miedos y flaquezas, rectificando cada paso para llegar a ser el que ya eres).



-4-

hay un letargo inquieto preservando los ritos,
la súbita respiración de un agua que derrama el oxígeno
y en la piel de la tierra permanece infalible
el aliento certero de unos huesos y sangre
que caminan absortos
sobre cada astilla de nuestros latidos
mamándose los miedos
para ir y venir de lo profundo a la nada.


Bajo el crecido sol incluso respirar pudiera ser
el equívoco mapa que en los pies decrece
para unir nuestras huellas
a los voraces labios del desierto,
allá, en el sagrado abismo,
donde toda la soledad cabe en un solo instante.



(Tenemos la necesidad de nutrir nuestras emociones, salvar nuestras barreras y ubicar nuestro propio espacio para la felicidad; los caminos se andan y desandan a veces casi al mismo tiempo y en similar medida, porque estancados en la nada nos queda la torpeza de renunciar a la vida para dejarnos ir  hacia  el abandono, hacia el filo de espadas imposibles).


-5-

Pero no languidecen las fuerzas de la naturaleza,
la inocuidad del mundo persiste en sus rutinas;
en palabras de Thomas Tranströmer
somos cientos los que andamos al sol
transitando deprisa camino al infinito,
en busca de la puerta entreabierta
que nos lleve a una habitación para todos.


.-.


El macizo del Monte Perdido esconde algunos de los rincones más espectaculares de los Pirineos, el geógrafo franco alemán Franz Schrader, destacado estudioso de los glaciares pirenáicos en el siglo XIX, lo llamó "inmenso poema geológico".
Epicentro del macizo calizo más elevado de Europa, surgido del mar y cuya erosión glaciar y fluvial ha ido abriendo durante millones de años, gargantas y circos de belleza sin igual, deja al descubierto los estratos rocosos que en algunos rincones acogen formas asombrosas como los Valles Ordesa, Añisclo, Pineta, Gavarnie  y Bujaruelo.

Especial dedicatoria a los compañeros y compañeras que juntos disfrutamos, en agosto de 2011, de este hermoso poema geológico que diría Schrader, ellos son Pilar, Laura, Jaime y Julián.
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