sábado, mayo 18, 2013

Tratado de anatomía. Fragmento




El corazón y el deseo, no caben en la misma mirada. Muchas veces la sangre se deja arrastrar hacia agujeros oscuros. Necesita más noche para construir su propia oscuridad, y busca hilar antorchas para que ardan todas las arañas que conforman sus dudas.
 
Hoy es una mañana de viento. No es un día distinto al de ayer. En realidad, el gris del día es un gris como el de cualquier otro día. Me pica un brazo. Observo el cielo lleno de nubes. Los árboles me observan de reojo. Hambriento como soy sacudo telarañas y busco al escorpión, la cola de un planeta primitivo y voraz. Es la estación del año más carnosa, la primavera es redonda e ingenua, atolondrada y lúbrica, su destino es posarse en el punto lascivo de la carne.
 
Me inquieta esta presión. Este fosforo verde que me somete a la sutil elipse de las formas.  Me está asustando ser feliz. Mis manos solo buscan el lóbulo carnoso de la primavera, la tenue suavidad de la piel  y la carne conmovida.

 

Tratado de anatomía. Fragmento

viernes, mayo 10, 2013

Tratado de Anatomía. Fragmento




Mientras ella habla y habla, yo le miro las nalgas, las entrañas, su canesú azul, su pecho escarlata, las uñas de sus pies; miro sus rojos, los cauces de sus ingles, su vello oscuro, sus montes, su risa; sus dientes, su mandíbula, sus impares espacios. Amo todo el oxígeno del centro de su ombligo; nada es tan salvaje como su culto y dádiva; nada abre la risa, como las múltiples enseñas de su orgasmo, esa hermosa agonía del relámpago y la muerte. Teniéndola a mi lado yo la amo. Amo su erótico dibujo, sus incendiados huecos, sus aunadas urgencias; amo su espalda, amo sus vértebras bordadas, la piel que la disfraza, su despertar calmoso; amo la noche y sus silencios, su paz, su luz, su danza y sus prudencias; amo sus compulsivos signos, el escorpión que la alimenta, y amo esta noche rica en minerales, pero sigo esperando a los planetas por si cambian las formas de la luna;

quizá nos quede aún tocar el corazón
   somos yoga buscando ser perfectos.

 
Tratado de Anatomía. Fragmento

Imagen, fotograma de Il Omaggio - A Tribute to Tinto Brass (Starflower Media)

 

domingo, enero 13, 2013

Somos tan solo un canto de la tierra




Es salvaje el camino. La ascensión al Picón de Jérez por el Barranco Alhorí, es un grito crispado que pone a prueba el brío y la habilidad conforme ascendemos bordeando el trazado de su propia rivera.

Como otras tantas veces, la naturaleza nos muestra el camino entre los heleros, la piedra y el agua, bajo un cielo piadoso que acompaña nuestros pasos. Poco a poco seguimos el ascenso sorteando la nieve y el barro con algún que otro susto y el corazón de todos sometido al rigor del  cauce y la quebrada. Después de todo, somos tan solo un canto de la tierra, un vulnerable parto que la naturaleza nos otorga para servirla y regresar a ella.
 
Tras la capa de hielo baja nervioso el río conformando un dibujo inédito que nos fluye por dentro acelerándonos el pulso como también lo harían los expuestos pechos de una mujer de lluvia desnuda frente al agua. Proseguir este crudo paisaje es morder la manzana, un ir directos a nuestro ángel caído, a un enfrentamiento con nuestras dudas, miedos y debilidades, un ir a nuestras propias cavernas.
 
Proseguimos, sentido ascendente, sin dejarnos vencer por la piedra y el hielo. No creo que sea la cima ninguna puerta al paraíso, pero sí es lo más parecido a la nada. A mi entender la cima es el centro de ninguna parte, pero allá vamos sin sabernos explicar el porqué.
 
Son las 14:15 del 12 de enero, tres días han pasado desde mi cumpleaños, no me pesan las fechas ni el lodo de mis pies, me pesaría el tiempo perdido, el inerte segundo sentado entre las piedras del cualquier camino.



- Picón de Jérez (3.090 msnm) por el margen del río Alhorí.

 

martes, enero 08, 2013

Poema para el día antes de mi cumpleaños


 
A estas alturas de la vida, mi cuerpo es este incendio que arrastra sus pisadas, un brillar de cenizas en la tregua, una mano tendida para alcanzar el tiempo.
 
Y me escribo, me escribo hoy una carta o un poema que tanto da,  y me escribo entre tantas máscaras que incluso me atraganto al reconocerme entre los rostros, pero tengo el derecho de llamar la atención de mí mismo y sentir frío o miedo o ser simplemente carne que duda entre romper la piedra o abrillantarla hasta observar en ella mis advertidos gestos.  Y es que debajo de nosotros late la osadía, la osadía y el ansia por conocer a fondo la melodía propia, ese agotado olor de los dietarios que como un pájaro viejo alza su sinfonía y se adentra en la niebla, camino de una hilacha buscada en las alturas.
 
No se llega a los años con medida, las formas y los cursos no esconden las señales, ni el polvo de la tierra alza su júbilo en el aire, como lo haría un árbol que va abriendo sus ramas mientras crece. Las formas de la tarde desaparecen sin sonidos, y empezamos a contar lunas menguantes y veranos y tardes que se encogen,… Ligeramente alguna música tímida hasta llenar la cabeza de silencio, para ceder las ilusiones y apagar lentamente los ritmos y las campanas. Muchos años naciendo día tras día, llenando los bolsillos de desiertos y dando en cada paso el corazón;  pero no puedo hablar del corazón porque no lo comprendo, no entiendo que la vida sea causa perdida, ni puedo confiar en las banderas que ciegan a su paso tantos sueños.
 
Y me resisto día tras día y entro desesperado a los años, al paso de las tantas cosas que me quedan pendientes por hacer; siempre tuve las manos muy vacías y el corazón sobrado de arena para elevar castillos. En la vida he sido invisible y mudo,  a veces apasionado y sonoro. Hoy, pintado de azul en mi cintura, inventándome  cada día en los espejos, yo estaré tan enormemente extendido como un crujir de agujas transitando una aldea de árboles. Entonces, tal vez, pueda por fin decir, como en aquellos días en que cientos de ortigas huían de mi boca: -Señor, no tengo nada; tan sólo los distintos rostros que cada día parpadean en mí. -Nada, Señor, no tengo nada. -Duermo sin ti, Señor, como un animal que no encuentra hogar.
 
Mi vida, como la de todos, es una suma de sucesos. En algún momento, poco después de nacer, conocí el sudor y el aroma profundo del mundo. Más adelante conocí a una mujer que me acercó a la vida, su perfume de incienso y dos besos son tesoros que guardo de su boca.
 
Hoy, miro mis manos como si no fueran las mías, el gris me sigue pareciendo otoño, mis camisas no saben bailar un tango, y ya ven, me quedan tantas cosas por aprender…. Soy un autodidacta más, o eso creo, nunca en la vida tuve un manual para la tristeza, en cambio aprendí a reír solo, pero nunca fui capaz de aprender a juntar las manos y llorar con la cara tapada, tal como instruye Cortázar. En cambio si aprendí a tener miedo y a perder el horizonte de mis ojos.
 
Ahora entre las cosas que me quedan por aprender, auto aprender, me queda el mantener la boca cerrada, lavar mi ropa y recogerme el pelo, dormir con una sola almohada, no perderme en los paisajes, romper los calendarios y disputar en las rebajas más años de futuro para alcanzar a ver el juicio final pintando los ombligos del color de la aurora.
 
Hoy, ocho de enero, un día antes de mi cumpleaños, corre mi sangre intacta, sobre un naufragio anónimo, hacia la noche extraviada.
 
 
 
Un humano cualquiera. Fragmento
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